_Castellano

Mireia Calafell (Barcelona, 1980) ha publicado Poètiques del cos [Poéticas del cuerpo] (Galerada, 2006), Costures [Costuras] (Viena Edicions, 2010) y Tantes mudes [Tantas mudes] (Perifèric Edicions, 2014), obras por las que ha recibido los premios de poesía Amadeu Oller (2006), VIII Memorial Anna Dodas (2008), Josep M. López Picó (2009) y Benvingut Oliver (2013). En el 2015, recibió el Premio Lletra d’Or al mejor libro publicado en lengua catalana a lo largo del año anterior por Tantes mudes, cuya versión en castellano está publicada en Stendhal Books.

Algunos de sus poemas forman parte de antologías publicadas en Argentina, Brasil, Holanda, Reino Unido y España.

Traducción de Flavia Company (Tantas Mudas, 2016, Stendhal Books)

POÉTICA

Comer como quien no come el nombre:
no la fresa casi impúdica
sobre el blanco de la cerámica,
sino la sombra muda del invierno
que en el silencio acoge el estallido
por no estar allí esperando el fruto.

Comer lo que no dice palabra alguna
y así, con la boca llena, escribir.

CERTEZA

Saber interpretar qué está diciendo
una piscina desierta cuando hace frío,
una noria parada un lunes cualquiera
sin nubes de azúcar ni luces de neón,
o el toldo de aquel circo que ya han desmontado
–basta de acrobacias, de trucos, de magia.

Entender y aceptar que son esto también:
días tediosos vacíos de atracción,
un paisaje insólito que amenaza,
que se hace presente cíclicamente.

Saberlo es, a la vez,
acoger la certeza de que tu cuerpo
no será –no podrá ser– todas las noches
esta fiesta de ahora.

PERSISTENCIA

¿Qué atrae a los mosquitos de la bombilla
si al acercarse explotan y la sombra se los traga?
¿Qué inquietud mueve a las abejas a picar
si con el aguijón clavado adentro mueren después?

Porque no podemos responder, persistimos.
Porque no queremos pensarlo, nos atrevemos
y levantamos el vuelo bajo las sábanas de noche, así.

BALLENAS FRANCAS

Qué delicia el juego de las ballenas
cuando no había especies ni hemisferios.
Cuánta complicidad bajo la mar
antes del estallido, de la estampida,
de aquel huir sin saber por qué
hacia otros océanos y separarse,
de aquel partirse el hielo inexplicable.
Y ya nunca más los días sin tiempo
donde lo único importante era saltar,
y ya nunca más fueron regalos las olas
sino un recordatorio de distancias,
el dolor constante de quien ha perdido al otro.

Se querían, yo sé que se querían.
Es fácil reconocer en tus ojos
el movimiento tectónico del adiós,
la angustia en la mirada de las bestias,
cuán altos eran los saltos que tú y yo dábamos.

LOBOS

“Un lobo
que no parece
un lobo
entra en una casa,
toc-toc
devora a la abuela,
o la echa
de casa,
de su casa,
a la pobre abuela.”

No tengas miedo,
es solo un cuento.
nada de esto pasa,
un cuento y nada más
–me repetíais.

Pero nunca,
nunca os creí.

Y ahora las noticias
me dan la razón.

MUDA

Lentamente –tampoco hay alternativa–, se quita la ropa.
Cuánta dificultad en los botones de la camisa para unos dedos
temblorosos como los suyos. Y los pantalones, los pantalones
son una prueba de equilibrios, de paciencia y dignidad,
como decir no puedo en este orden. Como decir, como el orden.
Cuando está toda desnuda vuelve a vestirse, reanuda el ritual.
Y así hasta que se acaba el día y a ella, los días, se le acaban.

Jamás aceptará que solo las serpientes, al hacer la muda,
puedan desprenderse de escamas y, a la vez, de heridas.

Traducción de Joan de la Vega

PISTAS (Pistes)

Siempre se ama igual pero diferente, me decías.
Y ahora entre el café y yo tratamos de adivinar
si nos condenaba lo que era igual
o bien la diferencia es la culpable.
Como una pista, la amargura me lleva a ti
que estás en la cocina y con la cuchara disuelves
el azúcar que ya no me despertará.
De tu gesto no se desprende ninguna respuesta,
tan sólo el indicio de una pérdida. Fíjate:
Yo no tengo alas para que los omóplatos
vuelvan a ser omóplatos si tú no los miras.
Y tú que no tienes ánimo para volar.
De tan cerca del suelo, ya no caeremos.
Y amar es caer.

DOMINGO (Diumenge)

Es domingo desde la cama
y no sabes qué tiempo hace fuera
(incógnitas que no venían en el contrato
de un segundo piso, tercero real, todo interior).

Perezosa, vas conquistando el espacio
de una cama de matrimonio que no escae
al complemento ni ofrece resistencia
y piensas cómo sería levantarte acompañada,
la alegría de hacerse el muerto casi flotando
en algún sueño, sabiendo que el calor
de otro cuerpo dormido te sirve de boya.

Sólo de imaginártelo ya sonríes
cuando la amenaza de lluvia sorprende la almohada
y te reprochas querer todo lo que deseas, y dices
escuchando tu voz, que aún tiene sueño:
el amor romántico alimenta las putas,
el amor romántico alimenta las putas.

Pero ni con la repetición te has convencido.

SI TODO VA BIEN (Si tot va bé)

Rehace el camino que lleva a casa de sus padres.
Sólo son veinte minutos con el autobús
y un cuarto de siglo o más en el ascensor
donde volverá a leer tantas veces
no dejen que los niños viajes solos sin el no
y pensará en los años que han ido transformándola
hasta convertirla en receptora del consejo.
Entonces alargará la lista con otras recomendaciones,
como las que hubiera querido encontrar hace tiempo.
«Si todo va bien», piensa, «los que ahora son niños
borrarán las negaciones ». Las niñas,
como la pequeña del séptimo que le recuerda a ella,
harán presente su ausencia con el trazo persistente
de una llave sobre las «o». Abrirán puertas. Si todo va bien,
viajarán solas.

EL ADIÓS (L’adèu)
A Clara

Un adiós definitivo, irremediable,
sin tiempo para la despedida, sin un hasta la vista,
con demasiado olor a sábanas limpias, demasiado silencio,
falto del abrazo, falto de ti,
atestado de pasillos con olor a asepsia médica
allí en la Vall d’Hebron, donde ya no se puede regresar.

Y han pasado los años, y todo parece un instante:
aquellos ojos vivos verdes en los que se ha detenido el tiempo
y los dedos entrecruzados tan fríos tras el cristal
asegurando que ya no vendrás más a festejar
cómo se empujan los días, las horas sin ti,
en tu ciudad, donde ya no se puede regresar.

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